Vino y aceite, productos con denominación de origen

España es el segundo productor mundial de vino, por detrás de Francia, y el principal productor de aceite de oliva del mundo.
Con estos datos, sobra decir que el país tiene suficiente materia prima para exportar, pero a día de hoy, continuamos haciéndolo principalmente a granel. Falta crear imagen de marca del producto y saber venderlo a nivel internacional.

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Por poner un ejemplo, en el caso del aceite italiano, uno de los más valorados a nivel mundial,  productores italianos han denunciado a varias industrias de ese país acusando a las mismas de vender botellas con la leyenda de aceite italiano obtenido en una región determinada, cuando en realidad se trataba de un aceite español.  El diario turinés La Stampa publicaba hace unos meses  que en 2011 Italia importó casi 600.000 toneladas de aceite, frente a las menos de 300.000 que vendió al extranjero.

La mayor parte de esas casi 600.000 toneladas proceden de olivares españoles, pero también de Grecia, Portugal, Francia y Turquía. Sólo en el caso español, algunos olivareros italianos compran el kilo de aceite a 50 céntimos que luego revenden en el mercado nacional a un precio de entre 2 euros y medio y 3 euros. "Los aceites de oliva de importación se mezclan en Italia con los nacionales para adquirir, con las imágenes de las etiquetas y bajo la cobertura de marcas históricas, una apariencia de “italianidad” que explotar también en el extranjero", afirmó la cabecera turinesa.

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Esa apariencia e identidad del producto es lo que eleva los costes finales del producto, lo que al llegar al consumidor lo convierte en un producto deseado y por el que se está dispuesto a pagar un precio más elevado.

En el caso del vino, existe un dato bastante representativo. En 2010, el precio medio de exportación de vinos españoles fue de 1,05 euros el litro, mientras que el precio medio del vino de Nueva Zelanda fue de 4,29 euros el litro. Pese a que es un país que se inició hace relativamente poco tiempo con el cultivo de vino, sus caldos se han convertido en una seña de identidad de este pequeño país, principalmente por una enorme capacidad exportadora y una imagen construida a base de una apuesta por la calidad y una procedencia exótica. En su momento el presidente de los productores de vino de Nueva Zelanda, Stuart Smith, explicó que la clave se basa en una producción acorde a la demanda, marketing de primera clase y unidad acerca de la imagen de marca del vino.

Ambos ejemplos, ponen de relieve la enorme capacidad de la región para exportar su producción en estos dos productos, pero también, la necesidad de apostar por empresas con una imagen orientada a la exportación y ser el fiel reflejo de la calidad de los productos.


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